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Relaciones sanas.

Las relaciones y amistades más sanas no son necesariamente las que se ven ‘más felices’ a simple vista.

No son necesariamente en las que se ven dos personas siempre tomadas de la mano, riendo, bailando y cantando rodeados de mariposas en Instagram, en las que nunca pasa 'nada malo’ y en las que el amor es hermoso, dichoso y perfecto.

La perfección externa puede ocultar fácilmente una devastación interna, una desconexión y esa terrible, tácita desesperación por ser libre.

Las relaciones más sanas son las más honestas. Y pueden no parecer tan ‘felices’ o ‘despreocupadas’ desde el exterior. Es posible que no se adapten a la imagen de cómo una relación ‘debería’ lucir o sentirse.

Aquí, dos personas dicen la verdad honesta y dolorosa de hoy, y continuamente dejan ir sus ideas preconcebidas acerca del otro. La relación se renueva siempre en el horno de la autenticidad. Puede haber rupturas, malentendidos, incluso fuertes sentimientos de duda y desconexión, ¡pero hay la disposición mutua para afrontar el aparente lío que surge! Hay la apertura para mirar - con ojos bien abiertos - la presente ruptura, y no huir o aferrarse al pasado. Para sentarse juntos en medio de todos esos sueños y expectativas desmoronándose, y para trabajar por encontrar un espacio de reconexión, aquí, ahora, hoy.

Aquí, la relación se ve como el máximo yoga – una aventura continua cada vez más profunda y un redescubrimiento mutuo, ¡un abandono constante y una reunión constante! El amor no es un destino futuro, una conclusión, un punto de llegada, o una historia conveniente que contar a los demás. El amor está vivo.

Como dice Eckhart Tolle, las relaciones no están aquí para hacernos felices, porque la verdadera felicidad está dentro. Están aquí para hacernos profundamente conscientes.

Para rompernos, para humillarnos, para hacernos enteros otra vez.
"Jeff Foster"

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